Teatro Independiente

Crítica de espectáculos teatrales.

Prensa y difusión del Teatro Independiente.

Humo e Imagen

Escrito por mickygaudino 02-09-2016 en Pausa teatral. Comentarios (0)




Debe ser el humo, aquello que vemos pero no podemos tocar, como las nubes, como el cielo. 

"Lo que puede ser percibido... pero no necesariamente deba serlo". 

Todo es tan inabarcable que puede desesperar.


Los jueves a las 21 hs en La Pausa Teatral se suceden una serie de imágenes del tipo cinematográficas: parece una película pero la tenemos ahí, ocurriendo en vivo. No entendemos qué pasa pero movimientos y sonidos se confluyen de una manera especial, en una perfecta partitura que llama poderosamente la atención del espectador.

Helena, Sonia e Iván comienzan a intercambiar textos en un ping-pong de ritmo que nos sumerge en un "código" distinto. Algunos gritan, otros oyen, otros simplemente están. Debe ser el humo, dirigida por Romina Oslé, es una partitura de acción que mantiene la tensión entre estos tres personajes que conviven en una misma casa. ¿Qué les sucede? En medio del tiempo que parece infinito y en la urgencia de llenar el vació, intentan hacer, intentan comer... Todo se vuelve un intento fracasado de remontar situaciones ridículas. Coexisten y soportan, se quieren y se odian. ¿Qué vínculo los une? Teo Ibarzábal, Ana Iglesias y Eva Leanza son los actores que montan este mundo paralelo, donde nos identificamos un poco, donde nos distanciamos también. La exageración y el drama constantes se convierten en motor de la situación: ¿qué ocurre cuando todo implica conflicto? El drama exagerado es también comedia, causa risa. Se trata de la magia de la comedia dramática: ahí donde no sabemos si reír o llorar.

Debe ser el humo es una construcción que tiene un tratamiento especial de la imagen. La iluminación de Fernando Raíces, característica de colores cálidos (azules, verdes, amarillos), crea climas diversos junto a la escenografía de Eli Itovich, provista de colores pasteles y texturas que enmarcan el contexto de encierro de los tres personajes a la perfección. Desde la dirección de actores, Romina Oslé acentuó el perfil de imagen cinematográfica: casi que podemos rebobinar, adelantar, ver la escena en cámara lenta, etc. Los recursos de la actuación confluyen en el armado de este código de la imagen, donde la tensión permanece ahí, donde la escena puede transportarnos a una película de terror o a un thriller.


El encierro y la paranoia pueden llevarnos a lugares inesperados, ya lo sabemos. Ahí donde nuestra propia mente puede hacernos ver cosas que no están, oír otras que no se oyen y volverse en contra nuestro. En Debe ser el humo podemos ver la desesperación que acarrea el tiempo infinito, la angustia del encierro, la urgencia del vacío. El desafío está en hablar de "realidad" dentro del Teatro, donde todo significa (¡y significa el doble!) donde somos a veces más reales, incluso, que en la "vida real".



Micaela Gaudino




Ficha artístico-técnica

Dramaturgia: Teo Ibarzábal, Ana Iglesias, Eva Leanza, Romina Oslé
Actúan: Teo Ibarzábal, Ana Iglesias, Eva Leanza
Vestuario: Eliana Itovich
Escenografía: Eliana Itovich
Diseño de luces: Fernando Raíces
Fotografía: Wilson Chang
Diseño gráfico: Juan Pablo Rodríguez
Asesoramiento en sonido: Pedro Donnerstag
Asistencia de dirección: Agustina Downes
Prensa: Luciana Zylberberg
Producción: LugarOtro Estudio Teatral
Dirección: Romina Oslé


Tensión de una incógnita

Escrito por mickygaudino 22-08-2016 en teatro la comedia. Comentarios (0)






El amor es una de las grandes incógnitas de nuestro mundo: ¿qué es? ¿en qué consiste? ¿Cuándo es real, cuándo falso? ¿Es efímero o eterno? ¿Cosa natural o construcción social? La Música, de Marguerite Duras, aborda todas estas preguntas sobre el amor y la manera en que intercede en la vida de hombres y mujeres. Débora Longobardi y Ulises Puiggrós, son los actores que ocupan el espacio de la escena; junto a Graciela Pereyra desde la dirección, plasman la problemática del amor, construyendo un clima de constante tensión: la que existe entre personas que "se aman" y comparten un vínculo desde hace años. 

En una hermosa sala dentro del Teatro La Comedia, las puertas de madera se erigen a lo alto, un bello piano de cola reluce en una esquina y la lámpara gigante cuelga en el centro del espacio. Habitamos, entonces, una sala poco convencional en el ambiente local, que Fernanda Díaz supo aprovechar desde la escenografía y Gonzalo Calcagno desde la iluminación. Las luces crean espacios de intimidad y generan climas que se complementan de muy buena manera con la música de Germán Lozano.

¿Qué es el Teatro sino la tensión entre los cuerpos? Cuerpos que abarcan espacios, se mueven, se tocan. ¿Qué mejor manera de describir aquello que creemos "amor"? La música transcurre en un espacio de profundidad, lleno de mística, donde hombre y mujer se encuentran, se persiguen, se alejan en un juego erótico entre el tiempo y la distancia. La obra de Marguerite Duras plantea la cuestión del matrimonio y la división de bienes: ¿a qué punto los "papeles" consolidan el amor entre dos personas? ¿a qué punto interfieren en el vínculo puramente humano? Longobardi y Puiggrós logran encarnar los roles de Ann Marie y Michael entendiendo al amor como una especie de obra dramática: quizás hallemos una burla a la idea del amor que se sufre. Con su bella voz, Longobardi lo expresa directamente: "Podríamos habernos ahorrado el tercer acto". El amor es a veces un drama y, por ser drama, es también Teatro. Allí donde todo pierde de a poco el sentido, donde el color rosa impera en un principio, y donde finalmente es mejor matar que morir de amor.

Como el drama es tensión entre los cuerpos, los terceros en discordia entran a escena a través del sonido, con el ingenioso recurso del teléfono: las voces de Julia Eva Saggiri y Javier de Nevares llenan el espacio y convencen al espectador, sumergiéndolo en un clima de urgencia y tensión: urgencia porque "alguien" llegue y tensión por la evidente atracción eentre ambos personajes.


Puede ser triste pensar en que el amor acaba... ¿o empieza cuando acaba? La confusión es absurda, pero en La Música lo absurdo es también profundo, ambiguo: como el amor, en todas sus formas.





Micaela Gaudino






Ficha técnica

Autora: Marguerite Duras
Traducción: Jaime Arrambide y Mirta Rosenberg
Dirección: Graciela Pereyra
Coach actoral: Lili Popovich
Actores: Débora Longobardi y Ulises Puiggrós
Voces: Julia Eva Saggini, Diego Ramos y Georgina Rey
Asistencia de producción: Gabriela Arata
Musica original: Germán Lozano
Iluminación: Gonzalo Calcagno
Vestuario: Paula Molina 
Escenografía: Fernanda Díaz
Fotografía y video: Mariana Lozano





El ego del Artista

Escrito por mickygaudino 17-08-2016 en teatro el ojo. Comentarios (0)






La dramaturgia de Luis Agustini está inspirada, en gran medida, en la tarea del actor. Hay pocos espacios físicos tan motivadores como el camarín: es reflejo del mundo interno del actor. Dentro, se suceden las situaciones más extrañas, si no cómicas, propias de la preparación previa a salir a escena. El camarín "contiene" a los actores dentro de la cotidianeidad así como también en la vida profesional; es un espacio de transformación, de transición, que intercede entre el afuera y la "caja negra". En El Protagonista lo importante transcurre dentro del camarín, antes, durante y después de la función.

La obra gira en torno a la vida de Fernando, un hombre dedicado al Teatro, galán empedernido, aunque bastante pedante con las mujeres. Sus relaciones amorosas y el vínculo con su familia se construirán en la vorágine de un ritmo acelerado y un crescendo de la tensión que Luis Agustini ha sabido manejar desde la dirección. Los movimientos en el espacio son dinámicos y se suceden desde la "lógica de enredos" que resulta muy atractiva para el espectador.

Fernando es un actor que debe encarnar el personaje de Don Juan Tenorio (acaso no sea casual, pues se trata efectivamente de un "Don Juan") y, a lo largo de la función, entra y sale de escena (del camarín) donde los distintos actores intervienen: su ex-mujer, enfurecida por la sospecha de un engaño; su compañera actriz y amante; Juan, un tercero en discordia; Federico, el hijo que reclama atención y Regina, su fiel asistente con una hábil capacidad de oír detrás de las paredes.


La urgencia del Teatro (cambiarse rápido para salir a escena) hace de la sucesión de escenas una construcción cómica que mantiene al espectador activo, atento y hasta partícipe, de algun modo, gracias al recurso del "guiño" que tanto utiliza Agustoni: la confesión y revelación del Teatro como artificio .

Santiago Rapela, Teresa Solana, Nuria Frederick, Fernando Ricco y Valeria Atienza construyen la realidad de este actor egocéntrico y manipulador, que habla "con palabras de otros" y hasta utiliza la actuación al servicio de la mentira y el enmascaramiento. Agustoni se sirve de la triste/cómica realidad del actor: solo (aunque acompañado) en el mundo del Teatro, donde "desaparecen las torturas de la conciencia", el actor tiene el poder hasta de matar, ahí donde "sale de sí" y "se posee" más allá de los límites de la moral. 

En El Protagonista, la acción ocurre, en realidad, dentro del camarín. Agustoni "juega" con la idea de las muchas escenas sucediendo en un mismo tiempo: tanto en escena como en el detrás, hay público y actores, tal como si, al mirar, estuviésemos reflejándonos en un espejo. Las escenas de amor parecen de Romeo y Julieta y los conflictos tienen el remate típico de comedia dramática donde la tensión se ubica junto a la burla y la parodia: El Protagonista es un hombre insoportable por su egocentrismo, manipulador en su discurso y mentiroso desde la permanente justificación racionalde hechos aparentemente injustos.

 La obra es una parodia en tanto acude a la imagen del artista engreído que tanto conocemos, allí donde el amor propio posee al actor y lo hace "actuar" en los momentos menos indicados. Agustoni traspola la vida al Teatro, cuando un actor dice "Esto no es una escena de Teatro" y otro responde "Quién sabe..."; cuando hablamos de máscaras que usamos en distintos ámbitos de la vida:  "Ojalá encuentres ese rostro", el rostro de la identidad, aquel que nos define en todo tiempo y lugar, en esto que es el Teatro de la vida, donde somos todos actores y espectadores a la vez. 




Micaela Gaudino.

El poder de la gotera

Escrito por mickygaudino 10-08-2016 en la gotera. Comentarios (0)



Bajamos por las escaleras del Teatro “El Damero”, para sentarnos en las butacas y disfrutar de la función. Las luces encienden para descubrir el espacio. Algunos sectores están delimitados por marcas de tiza en el piso. Un hombre vestido con un mameluco ingresa y frena detrás de la alfombra: la puerta de entrada. Suena el timbre y una mujer aparece en escena. La gotera es el encuentro “casual” de dos personajes en un espacio “íntimo” como lo es una casa; o, más específicamente: la llegada de un hombre a la casa de una mujer. “Cuénteme algo de usted”, dice ella: ¿cuál es el límite a la paranoia? ¿De qué hablamos cuando hablamos de “violencia de género”?

Mauro Altschuler y Betty Badal encarnan dos personajes que, aparentemente, tienen poco en común: el estereotipo del plomero se enfrenta al de la mujer obsesiva, responsable, en un vínculo que irá más allá de lo real/cotidiano, más allá de lo que pudiéramos creer. “Ustedes no son de fiar” dice Betty y anticipa, sin que nos demos cuenta, las calumnias que vivirá a causa del histrionismo de este plomero que llega a su casa para arreglar una gotera y termina destruyendo el espacio físico y hasta su salud mental.

Gina Piccirilli, desde la dirección, supo hilar una serie de escenas que progresan en un crescendo de la tensión: allí donde el espacio físico se altera, lo hace también la corporalidad y sonoridad de los actores. Con la iluminación, Matías Burgueño pensó la puesta en escena desde la confección de diagonales en el espacio, espacio que se altera con el correr de las escenas; las luces descubren distintos lugares de esta casa y en cada uno de ellos ocurre la situación.

En lo que refiere a la “violencia de género”, hemos rescatado algunos textos que la reivindica como una de las temáticas esbozadas en la obra:

-“eso no se le dice a una dama”

- “usté’ no necesita favores de ‘nadies”

- “¡Ay, qué fuerza!”

- “Usté’ es una fiera”

Aquello que comienza como un acoso, termina siendo un abuso (por parte del plomero) del espacio íntimo de la mujer, que vive en esa casa y no logra imponer límites. La maravilla de La gotera radica en abordar una temática tan pesada como lo es la violencia de género, desde la comedia. La ambigüedad de las sensaciones en el espectador es la prueba: el plomero hace reír, pero también causa rechazo, hasta temor, lo cual impide que efectivamente nos identifiquemos con él. Mauro Altschuler cautiva a quienes lo observamos con la actuación: los cambios de ritmo tanto en las acciones, los desplazamientos como en la voz, la disociación en su trabajo corporal son unas de las cosas que corren al personaje (y, por consecuencia, a la historia) de la lógica realista y lo ubican en el lugar del ridículo.


La gotera aborda también, la temática de la manipulación y el poder que tiene el aquél (el plomero) para “solucionarnos la vida”. Con él debemos negociar hasta el cansancio o, quién dice, hasta la muerte.




Micaela Gaudino





Ficha Técnica // Autor: Franklin Rodriguez

Intérpretes: Betty Badal (La Señora) y Mauro Altschuler (Sergio)

Diseño de Iluminación: Matías Burgueño

Diseño de Sonido: Darío Herrera

Diseño Gráfico: Sebastián Rodriguez

Fotografía: Araceli Bertone Gaglio

Asistente Técnico: Julián Peluffo

Asistente de Dirección: Antonella D’Indio

Puesta en Escena y Dirección: Gina Piccirilli


La analogía del Teatro

Escrito por mickygaudino 08-08-2016 en teatro el ojo. Comentarios (0)




Una serie de analogías. Metáfora como el reflejo de una idea. La cuestión es: en qué medida el Teatro establece paralelismos respecto de nuestra existencia. El Ángel Caído es el intento exitoso de llevar al Teatro pensamientos que aquejan al hombre: ¿él es dueño de su propia vida? ¿puede decidir respecto de ella? ¿qué rol ocupa para él la religión?

Un asistente enviado por el “Gran Arcángel” llega al encuentro de Dios, aquel personaje mítico de la historia y religión cristianas que todos conocemos. Lo vemos en el cuerpo de un actor, Luis Agustoni (también director de la obra), quien encarna el personaje desde un lugar de comedia y parodia. Fernando Ricco es el personaje del ángel asistente, que se caracteriza por ser enérgico, ansioso y rebelde: el trabajo físico de este actor se hace ver en sus acciones “pesadas”, llenas de intención.

El contraste entre ambos personajes será uno de los aspectos a destacar del vínculo que lleva adelante la acción. Grandes temas los ocuparán: la discusión acerca del “libre albedrío”, el “destino” o la decisión final de Dios; la guerra que se desarrolla y que dirigen a través de un tablero y sus fichas; y hasta la mera existencia del hombre y la filosofía. Los actores sabrán desarrollar, mediante la comedia, un vínculo encarado desde la parodia: el desafío fue, seguramente, abordar personajes “fantásticos” (construcciones al fin) sin caer en el estereotipo banal.

Un tercer personaje irrumpe en escena con un vistoso vestuario y aún más elaborado maquillaje; desesperado, al borde del suicidio. Dice ser “Mefisto”. Para completar el círculo entre Dios y el Ángel, el director/autor de la obra incluye un guiño al espectador: Mefisto no es “real” como el resto, sino que se anuncia como un actor personificando al diablo, en una importante función ante los gobernadores de su país. El diablo aparece, entonces, en el cuerpo de Gastón Padován, que, a su vez, personifica a un actor. El Ángel Caído incluye entonces al “Teatro dentro del Teatro”, la autorreferencia y la burla. Autorreferencia porque el actor anuncia que es actor y burla por la parodia al mundo celestial (entendiéndolo como construcción) y la “estupidez” del hombre que implora a Dios.

Quizás uno de los asuntos de mayor complejidad que plantea la obra sea la cuestión de la ideología: el hombre debe cumplir debe cumplir ciertas obligaciones aunque vayan contra su pensamiento o postura social/política. Mefisto es quien encarna este problema con mayor claridad. En el cuerpo de un actor que trabaja (actúa) frente al gobierno, llega a pensar en suicidarse motivado por la sola pregunta de: “¿Vale la pena el mundo? ¿Vale la pena la vida'?”

El Ángel Caído nos acerca la analogía entre la vida y el Teatro, entre el mundo y el escenario. Para quienes aún preguntan si el Teatro puede “cambiar el mundo”; para quienes aún confían en el Arte como posibilidad suprema de expresión, pero además como aquel que nos ofrece la oportunidad de reflexionar, esta obra hace reír pero también pensar: aborda la fantasía pero cuestiona la realidad, en una vorágine de preguntas y respuestas, parodia y contradicción.



.Micaela Gaudino






Interpretes: Luis Agustoni, Gastón Padován, Fernando Ricco

Autor: Luis Agustoni

Dirección: Luis Agustoni

Vestuario: Nadia Casaux

Iluminación: Diego Gómez Leite

Escenografía: Nadia Casaux


  • Teatro El Ojo- Juan Domingo Perón 2115

    Horarios : Viernes, 22 hs.