Teatro Independiente

teatro el ojo

El ego del Artista

Escrito por mickygaudino 17-08-2016 en teatro el ojo. Comentarios (0)






La dramaturgia de Luis Agustini está inspirada, en gran medida, en la tarea del actor. Hay pocos espacios físicos tan motivadores como el camarín: es reflejo del mundo interno del actor. Dentro, se suceden las situaciones más extrañas, si no cómicas, propias de la preparación previa a salir a escena. El camarín "contiene" a los actores dentro de la cotidianeidad así como también en la vida profesional; es un espacio de transformación, de transición, que intercede entre el afuera y la "caja negra". En El Protagonista lo importante transcurre dentro del camarín, antes, durante y después de la función.

La obra gira en torno a la vida de Fernando, un hombre dedicado al Teatro, galán empedernido, aunque bastante pedante con las mujeres. Sus relaciones amorosas y el vínculo con su familia se construirán en la vorágine de un ritmo acelerado y un crescendo de la tensión que Luis Agustini ha sabido manejar desde la dirección. Los movimientos en el espacio son dinámicos y se suceden desde la "lógica de enredos" que resulta muy atractiva para el espectador.

Fernando es un actor que debe encarnar el personaje de Don Juan Tenorio (acaso no sea casual, pues se trata efectivamente de un "Don Juan") y, a lo largo de la función, entra y sale de escena (del camarín) donde los distintos actores intervienen: su ex-mujer, enfurecida por la sospecha de un engaño; su compañera actriz y amante; Juan, un tercero en discordia; Federico, el hijo que reclama atención y Regina, su fiel asistente con una hábil capacidad de oír detrás de las paredes.


La urgencia del Teatro (cambiarse rápido para salir a escena) hace de la sucesión de escenas una construcción cómica que mantiene al espectador activo, atento y hasta partícipe, de algun modo, gracias al recurso del "guiño" que tanto utiliza Agustoni: la confesión y revelación del Teatro como artificio .

Santiago Rapela, Teresa Solana, Nuria Frederick, Fernando Ricco y Valeria Atienza construyen la realidad de este actor egocéntrico y manipulador, que habla "con palabras de otros" y hasta utiliza la actuación al servicio de la mentira y el enmascaramiento. Agustoni se sirve de la triste/cómica realidad del actor: solo (aunque acompañado) en el mundo del Teatro, donde "desaparecen las torturas de la conciencia", el actor tiene el poder hasta de matar, ahí donde "sale de sí" y "se posee" más allá de los límites de la moral. 

En El Protagonista, la acción ocurre, en realidad, dentro del camarín. Agustoni "juega" con la idea de las muchas escenas sucediendo en un mismo tiempo: tanto en escena como en el detrás, hay público y actores, tal como si, al mirar, estuviésemos reflejándonos en un espejo. Las escenas de amor parecen de Romeo y Julieta y los conflictos tienen el remate típico de comedia dramática donde la tensión se ubica junto a la burla y la parodia: El Protagonista es un hombre insoportable por su egocentrismo, manipulador en su discurso y mentiroso desde la permanente justificación racionalde hechos aparentemente injustos.

 La obra es una parodia en tanto acude a la imagen del artista engreído que tanto conocemos, allí donde el amor propio posee al actor y lo hace "actuar" en los momentos menos indicados. Agustoni traspola la vida al Teatro, cuando un actor dice "Esto no es una escena de Teatro" y otro responde "Quién sabe..."; cuando hablamos de máscaras que usamos en distintos ámbitos de la vida:  "Ojalá encuentres ese rostro", el rostro de la identidad, aquel que nos define en todo tiempo y lugar, en esto que es el Teatro de la vida, donde somos todos actores y espectadores a la vez. 




Micaela Gaudino.

La analogía del Teatro

Escrito por mickygaudino 08-08-2016 en teatro el ojo. Comentarios (0)




Una serie de analogías. Metáfora como el reflejo de una idea. La cuestión es: en qué medida el Teatro establece paralelismos respecto de nuestra existencia. El Ángel Caído es el intento exitoso de llevar al Teatro pensamientos que aquejan al hombre: ¿él es dueño de su propia vida? ¿puede decidir respecto de ella? ¿qué rol ocupa para él la religión?

Un asistente enviado por el “Gran Arcángel” llega al encuentro de Dios, aquel personaje mítico de la historia y religión cristianas que todos conocemos. Lo vemos en el cuerpo de un actor, Luis Agustoni (también director de la obra), quien encarna el personaje desde un lugar de comedia y parodia. Fernando Ricco es el personaje del ángel asistente, que se caracteriza por ser enérgico, ansioso y rebelde: el trabajo físico de este actor se hace ver en sus acciones “pesadas”, llenas de intención.

El contraste entre ambos personajes será uno de los aspectos a destacar del vínculo que lleva adelante la acción. Grandes temas los ocuparán: la discusión acerca del “libre albedrío”, el “destino” o la decisión final de Dios; la guerra que se desarrolla y que dirigen a través de un tablero y sus fichas; y hasta la mera existencia del hombre y la filosofía. Los actores sabrán desarrollar, mediante la comedia, un vínculo encarado desde la parodia: el desafío fue, seguramente, abordar personajes “fantásticos” (construcciones al fin) sin caer en el estereotipo banal.

Un tercer personaje irrumpe en escena con un vistoso vestuario y aún más elaborado maquillaje; desesperado, al borde del suicidio. Dice ser “Mefisto”. Para completar el círculo entre Dios y el Ángel, el director/autor de la obra incluye un guiño al espectador: Mefisto no es “real” como el resto, sino que se anuncia como un actor personificando al diablo, en una importante función ante los gobernadores de su país. El diablo aparece, entonces, en el cuerpo de Gastón Padován, que, a su vez, personifica a un actor. El Ángel Caído incluye entonces al “Teatro dentro del Teatro”, la autorreferencia y la burla. Autorreferencia porque el actor anuncia que es actor y burla por la parodia al mundo celestial (entendiéndolo como construcción) y la “estupidez” del hombre que implora a Dios.

Quizás uno de los asuntos de mayor complejidad que plantea la obra sea la cuestión de la ideología: el hombre debe cumplir debe cumplir ciertas obligaciones aunque vayan contra su pensamiento o postura social/política. Mefisto es quien encarna este problema con mayor claridad. En el cuerpo de un actor que trabaja (actúa) frente al gobierno, llega a pensar en suicidarse motivado por la sola pregunta de: “¿Vale la pena el mundo? ¿Vale la pena la vida'?”

El Ángel Caído nos acerca la analogía entre la vida y el Teatro, entre el mundo y el escenario. Para quienes aún preguntan si el Teatro puede “cambiar el mundo”; para quienes aún confían en el Arte como posibilidad suprema de expresión, pero además como aquel que nos ofrece la oportunidad de reflexionar, esta obra hace reír pero también pensar: aborda la fantasía pero cuestiona la realidad, en una vorágine de preguntas y respuestas, parodia y contradicción.



.Micaela Gaudino






Interpretes: Luis Agustoni, Gastón Padován, Fernando Ricco

Autor: Luis Agustoni

Dirección: Luis Agustoni

Vestuario: Nadia Casaux

Iluminación: Diego Gómez Leite

Escenografía: Nadia Casaux


  • Teatro El Ojo- Juan Domingo Perón 2115

    Horarios : Viernes, 22 hs.