Teatro Independiente

Crítica de espectáculos teatrales.

Prensa y difusión del Teatro Independiente.

Espectadores de la Angustia

Escrito por mickygaudino 27-06-2016 en daniel godoy. Comentarios (0)


“¿Qué he hecho de mi vida?” En medio de la oscuridad de la sala y con apenas algunas luces de led, suena la voz de Erdosain, pintoresco personaje creado por Roberto Arlt, que ahora se muestra ante nuestros ojos en un cuerpo abatido y desalineado. Nada más “lindo” para el espectador que ver las propias miserias trasladadas a la escena. Así, encontramos al típico hombre angustiado del siglo XX, rodeado de otros personajes igualmente marginados. La Compañía Teatral Quinto Piso, bajo la dirección de Daniel Godoy, ha confeccionado un interesante despliegue de escenas que se suceden en Paraje Artesón (Palestina 919), los sábados a las 22.30 hs, donde los cuerpos sólidos, presentes, casi agresivos, cuentan al espectador esta maravillosa obra escrita por uno de los mejores escritores de la Argentina. La belleza del texto es el complemento perfecto para los cuerpos que vemos en escena, cuerpos de esencial crudeza, casi esquemáticos: fieles representaciones de los contemporáneos, esos que están bombardeados de información, agobiados por el trabajo y desprovistos de sensibilidad.

Los Siete Locos es el encuentro de todos los conflictos sociales, el cuestionamiento de lo incuestionable: la moral que se manifiesta erguida ante nosotros. Así, siempre en escena y en constante enfrentamiento, Marcelo Gil, Felipe Ponce de León, Federico Laporte, Marcelo Gamarra, Daniel Bermejo, Bárbara Posesorski, Fabían Caló, Mariano Madrazo, Yamila Etchevarne y Fernando Bender, componen los siete personajes marginados de la sociedad (y sus correspondientes acompañantes). Quizás el “pequeño” espacio de Paraje Artesón fue más que suficiente para proyectar semejante historia, quizás obligó finalmente a los personajes a coexistir en escena, tal como (nos) sucede en la realidad. Los Siete Locos es el encuentro inevitable de los marginados: ¿qué “derecho” tendrá uno de juzgar al otro? ¿Cuál será más recto, digno y decente para hacerlo? ¿Qué pasaría si todos se unieran en una alianza para la "Revolución Social"? Y, por sobre todo, “¿quiénes van a hacer la revolución social sino los estafadores, los desdichados, los asesinos, los fraudulentos, toda la canalla que sufre abajo sin esperanza alguna?” El robo, la prostitución, el placer y la angustia son protagonistas: los peores atropellos que un ser humano pudiera cometer (en relación a la moral que sostiene la sociedad moderna) se ponen en cuestión gracias a la obra arltiana. Aquello que aparece juzgado como un pecado es puesto en escena como la evidencia de una posibilidad casi natural.

De la mano de Daniel Godoy, Gisell Vitullo (escenografía), Yanet Natalí Laiz (vestuario) Víctor Olivera (iluminación) y Leandro Bisogno (música), la puesta en escena construye un mundo de la gama de grises, blancos y negros, donde el maravilloso trabajo de los actores, trazando diagonales en el espacio y confrontándose en escena, refleja una dinámica sumamente atractiva para el observador: los personajes son a la vez espectadores de lo que ocurre en el espacio. También observan. 

En la voz y el cuerpo de Erdosain, vemos encarnada la figura del hombre angustiado del siglo XX, aquel del que habló Albert Camus: la angustia es (sigue siendo), la que nos hace cometer las peores locuras e inmoralidades. En el caso de Erdosain, el robo de $600 a la industria azucarera, lugar donde trabaja. En el caso del Rufián Melancólico, la administración y sostén de un prostíbulo. Es que en Los Siete Locos no hay lugar para la lógica de la ética y la moral, porque ambas son, justamente, cuestionadas. La realidad exige a Erdosain una nueva forma de entendimiento y el Astrólogo (dueño de “nuevas ciencias”, nuevas verdades) propone otra religión, “algo extraordinario”, aquello que salve al mundo del torbellino de ideologías en que está inmerso. La voz del Rufián Melancólico aparece de nuevo para evidenciar eso que, incluso actualmente, nos convierte en ciudadanos hipócritas: “La sociedad actual se basa en la explotación del hombre, de la mujer y del niño (…) ¿Quién es más desalmado, el dueño de un prostíbulo o la sociedad de accionistas de una empresa? ¿No le exigían a usted que fuera honrado con un sueldo de cien pesos llevando diez mil en la cartera?”

El juego de luces, música y cuerpos en el espacio, plasma en la escena el maravilloso texto de Arlt. Se trata de una interesante dinámica de puesta y actuación que Daniel Godoy utiliza para contar la historia de un típico infeliz, aquel que es abandonado por su mujer y a quien otros agreden constantemente; quien ya no encuentra el sentido de una sociedad (igual a la nuestra) cuyo motor y consecuencia es, básicamente, uno solo: la angustia y el temor al vacío. 


Micaela Gaudino






Ficha técnico artística

Autoría: Roberto Arlt

Actúan: Fernando Bender, Daniel Bermejo, Fabián Caló, Yamila Etchevarne, Marcelo Gamarra, Marcelo Gril, Federico Laporte, Mariano Madrazo, Felipe Ponce De León, Bárbara Posesorski

Escenografía: Daniel Godoy, Giselle Vitullo

Caracterización: Carolina De Innocentiis, Camila Uribe

Maquillaje: Carolina De Innocentiis, María Belén Trotta, Camila Uribe

Diseño de vestuario: Yanet Natali Laiz

Diseño de escenografía: Giselle Vitullo

Diseño de luces: Victor Gabriel Olivera

Realización de vestuario: Yanet Natali Laiz

Música original: Leandro Bisogno

Expositores: Enrique Ubertone

Diseño gráfico: Matías Dimarsico

Puesta en escena: Daniel Godoy

Dirección: Daniel Godoy



RadioTeatro Querido (reflexión)

Escrito por mickygaudino 15-06-2016 en teatro oficial. Comentarios (0)


Nos encontramos en la puerta del Teatro Cervantes {pobre Teatro Cervantes que ahora sostienen algunas vigas afuera; es que en la ciudad de Buenos Aires los teatros están siempre en “refacción”, siempre “reparándose”}. Esperamos hace una hora y media. Las entradas para el Ciclo de Radioteatro son gratuitas y se retiran con dos horas de anticipación pero, aún habiendo llegado temprano, se han agotado prontamente. Somos diez personas esperando {esperando que algún alma caritativa se arrepienta de venir, esperando que “nos hagan lugar”}. Somos una larga lista de espera {esperamos el arte, esperamos cultura} que se apronta en las históricas puertas de este hermoso teatro para escuchar, para cerrar los ojos, para imaginar con el RadioTeatro: “un género que merece volver a ocupar el lugar que perdió y recuperarlo tal cual se realizaba...”

Esperamos en la puerta y un señor de traje impide el paso {es que no tenemos entrada}, habla a través de un micrófono inalámbrico y parecen murmurarle al oído. Mujeres grandes con hermosos tapados de invierno también aguardan en la puerta; algunas vienen de muy lejos. Un hombre “involucrado”nos ilusiona diciendo: “creo que van a entrar todos...” y a la media hora el hombre de traje {pobre hombre, que “no sabe nada”} nos informa que “no hay más lugar”.

Algunos disturbios se suceden en el vestíbulo del Cervantes, quejas y gente que finalmente se va. Pero algo en la insistencia, la bronca {“es una injusticia”} hace que aún aguardemos. Alguien “reservó” diez entradas {¿cómo? ¿diez entradas reservadas hace dos semanas?}. A veces somos muy obstinados.

Entramos cuando en la sala se apagaban las luces, cuando otro hombre de traje exclamaba “¡Ya no hay más lugar, boludo!”; ya estamos ahí: nos rodean las bellas paredes alfombradas y las lámparas aparentemente lujosas. Apagamos los celulares y nos miramos con alivio: lo logramos.

Papá querido, de Aida Bortnik se estrenó en 1981, bajo la dirección de Luis Agustoni...” en plena dictadura militar, cuando los oídos no podían oír, cuando la radio, la televisión y el teatro eran {¿son?} pura hipocresía. La historia de un padre “revolucionario” y sus hijos “aparecidos” nos atrapa desde las voces de seis actores/intérpretes en escena: Aldo Pastur, Beatriz Spelzini, Nora Cárpena, Horacio Roca, Luciana Ulrich, Sebastián Pozzi y, arrinconado, aún de pie y con su atril bajo una cálida luz, el director: Luis Agustoni.

En un óptimo homenaje a Teatro Abierto, las voces de los intérpretes nos cautivan y nos sumergen en un mundo que nos resulta poco habitual: el de la escucha, el de los sonidos; cerrar los ojos para abrir los oídos, abrir los oídos para entregarnos a la emoción. Hay escenografía, hay vestuarios y utilería, pero lo que importa es aquello que oímos. Es mejor imaginar que mirar. Hay actores involucrados y nada más lindo que sentirlos en escena {nada más vivo que el “aquí y ahora”}, percibir cada sonido, cada movimiento, la respiración. No es la radio, pero es el teatro. Teatro gratuito. Teatro que “se hace desear”. Todo un acontecimiento, casi un fenómeno que merecemos frecuentar.

El melodrama y la comicidad se mezclan en un mismo juego. “Electra”, “José”, “Carlos” y “Clara” son cuatro hermanos que se conocen el día del velorio de su padre. La historia cuenta sobre una familia disfuncional; la parodia está cargada de “humor social”, aquel que nos identifica {a veces tristemente}, aquel que nos sumerge en la atmósfera un tanto psicologicista del siglo XX. Cuestionamos entonces la sociedad ingenua característica de 1981 {de 2016}, en el teatro gratuito {no en las radios, no en los hogares}, teatro "sostenido por vigas", donde las entradas se retiran dos horas antes {o se reservan en las dos semanas previas}, un teatro que “se hace desear”: el de elegantes tapados de invierno, de micrófonos inalámbricos y boleterías oscuras.

Papá querido es el enigma de un padre que muere por un aparente accidente {pero que “se mató”}. Que tiene muchos hijos pero pasó su vida viajando: un escritor revolucionario. La obra nos va llevando al momento en que estos cuatro hijos reciben un sobre de parte de su padre: son las cartas que, cuando chicos, le enviaban desde distintos lugares. Escuchamos, finalmente, cómo estos hijos leen las cartas, en una emotiva evocación del “sueño de juventud”, aquel que nos identifica como humanos, aquel que nos lleva a querer ser como nuestros padres y que nos hace, a veces, “amar dolorosamente” a nuestro país.

 

   Micaela Gaudino


De Idiomas y Teatro

Escrito por mickygaudino 13-06-2016 en teatro independiente. Comentarios (0)




Cuatro actores y actrices franceses. Franceses y francesas. Como si esto fuese un dato de color
Los domingos en el Brío Teatro se cuentan las vivencias de un grupo de actores franceses que vinieron a vivir a la Argentina. ¿”Pourquoi” (podríamos preguntar, casi vulgarmente), estas personas que nacieron en un país del primer mundo vendrían a vivir al nuestro? ¿Por qué preferirían Argentina a Francia?

Libertad, Igualdad, Mayonesa es el tránsito de un intento de explicación/respuesta (si es que la hay): apabullados de preguntas y estímulos sonoros del exterior (“¿Así que sos francesa? ¿No me hablás un poquito?”), Camille BelmontHervé SegataSophie Tirouflet y Lucas Trouillard muestran una serie de escenas donde impera el juego y la comicidad. Se trata, claramente, de un acuerdo entre actores pero basado en una vivencia. Investigarán sobre la actuación, pero en torno a un disparador: lo que ellos mismos viven/vivieron.

Trasladando escenas de la famosa película Esperando la carrozaOmar Possemato construye desde la dirección (y a partir del trabajo de los actores) una divertida dinámica de espacios, de circuitos, donde la voz y el lenguaje cumplen un papel primordial. Siempre dentro del código de la parodia, hayamos en la obra algunos estereotipos que solemos “frecuentar”: allí está, por ejemplo, el francés que habla castellano, a quien le patina la “R” constantemente. Libertad, Igualdad, Mayonesa también pone en evidencia estos estereotipos para reírse de ellos.

De tanto en tanto las escenas se repiten, cambian los actores y los modos de decir. El idioma se fusiona, se confunde: ya no hay lugar para estereotipos. ¿Son argentinos? ¿Son franceses? Si dicen “gil” y escuchan un tango; si comen “crêpes” y dicen “oui”… El público, seguramente, se compone de espectadores de diversas nacionalidades. ¿Qué más da? Si, por suerte, es teatro, es cuerpo, es acción. Antes de que aparezcan los subtítulos, ya están disfrutando. Aunque no entiendan (¿para qué entender significados? o, en todo caso ¿qué significa y qué no?) es el cuerpo quien habla por la voz o, mejor dicho, cuerpo y voz son la misma cosa. La expresión es lo que cuenta y las personas comparten el ARTE (teatro) como idioma universal. 

En un juego constante donde la sorpresa es la principal atracción para el espectador, donde la música y el espacio son investigados desde el propio cuerpo, los actores han sabido mostrar eso mismo que, en su momento, cuestionaron. Al "¿pourquoi?" contestan con: “¡Qué se yo!”. Preguntan y responden actuando. Preguntan al teatro, lo interpelan. Juegan, se divierten. Allí donde aparece la comicidad, también lo hacen el melodrama y hasta la propaganda (lo televisivo). Dentro del circuito lúdico de la actuación, en un divertido intercambio y asociación de ideas y palabras..."¿Pourquoi?": no lo saben. Quizás tengan una sola certeza que logran transmitir a la perfección: el teatro es juego y el arte (idioma universal) es el que hace al entendimiento entre las personas, aquel que nos sigue conmoviendo y que construye identidad.


   Micaela Gaudino