Teatro Independiente

Crítica de espectáculos teatrales.

Prensa y difusión del Teatro Independiente.

Zapatos en la nieve

Escrito por mickygaudino 26-11-2016 en nevisca. Comentarios (0)



Le pedí alas al cielo y no me las dio...


Nevisca es el diminutivo de María Nieves. La nieve que se hace agua de golpe... la que desaparece inadvertida.

Los zapatos invaden la escena, ya desde las escaleras que nos conducen a la sala. 
Olor a teatro, pequeñísimos objetos expuestos en aquel cubo negro. Y un blues... el blues y los zapatos (poderoso fetiche) que nos envuelve en la atmósfera de un mundo femenino. Dentro de un espacio por demás motivador, donde los objetos se vinculan a partir de diagonales y donde cada mínimo detalle cautiva al espectador, irrumpe Nevisca con su dulce voz y poesía inspiradora. No pasa mucho tiempo hasta que llega un hombre de mameluco, Ulises, con el ánimo bastante amargado y pedante, que maltrata a Nevisca y exige que le sirva. Ella dejó "pasar el tiempo" y la cena aún no está lista.

El código de Nevisca nos sumerge en el extrañamiento de dos personas que se involucran en una relación como la de María Nieves y Ulises. Una relación donde la cotidianeidad extraña, difiere, aleja. Gabriela Romeo, desde la dirección, ha sabido plasmar este código y sostenerlo a lo largo de la obra. 

Una angustia que aqueja. Pequeño mundo.

"¿Quién se rompe el lomo acá?" Ulises acosa a su mujer, la obliga a hacer cosas que no quiere, presa de su propio dolor y de una enfermedad que a muchos invade en el siglo XXI, como lo es el ataque de pánico. Nevisca se ocupa de los zapatos, busca, siente, observa y escucha, sus sentidos están más abiertos que los de cualquiera. Los zapatos son su realidad pero también su ilusión. Johanna Chiefo es la actriz que debe enfrentar el desafío de encarnar a Nevisca (con los problemas que tiene el personaje) y, además, el de crear sus propios conflictos a partir del cuerpo, a partir de la acción. La acompaña en escena Juan Palacios en el papel de Ulises, con un tratamiento muy acertado del personaje nefasto y maltratador, machista y sobrador que atormenta a Nevisca. La voz áspera de Ulises recorre el espacio y surte el efecto deseado.
Aparece, por último, el personaje de la madre de Ulises, "Cata", encarnado por Myrian Candia que irrumpe en el espacio cantando una canción, sacando a la luz el ridículo del estereotipo del motoquero, que a veces nos llega . Ella es el toque de humor que viene a cortar de vez en cuando con el drama que sucumbe a Nevisca; "Cata" es el personaje que vuelve al lenguaje coloquial, al lunfardo, sin dejar lo poético puesto en escena.

Ya encontraré los zapatos que me digan cómo andar.

Nevisca es el desafío de construir situación, ahí donde impera la angustia y la desolación. Excluyendo posibilidades de caer en lo "emocional" o "psicológico", el espacio construido por Giselle Vitullo es sumamente motivador para un actor/actriz. Motivador desde lo físico, de esos espacios donde nos encantaría sumergirnos. Las diagonales construyen tensión y "el atrás" es, por demás, insinuante y peligroso. No queda fuera el diseño de luces de Marcos Ribas que maneja el contraste entre azul y rosa para la escena y la transición respectivamente, pasando a veces por el blanco para los "apartes" y resolviendo por los cálidos para llegar al final. 

Nevisca es una producción nutrida de metáforas, donde los zapatos no siempre pisan firme y a veces son la ilusión de un futuro diferente. Entre monólogos que marcan impasses y acciones notoriamente cuidadas, la obra pone de manifiesto una problemática que aún hoy subsiste en relaciones amorosas enfermizas. Somos una familia enferma, donde suena un blues.. donde sobra distracción.




Micaela Gaudino






Ficha técnico artística

DramaturgiaGabriela Romeo

ActúanMyrian Candia, Johanna Chiefo, Juan Palacios

DirecciónGabriela Romeo


Apropiarse del Musical

Escrito por mickygaudino 15-11-2016 en Casodeexito. Comentarios (0)





El musical es un género del espectáculo que aún nos queda lejos. Por lo general, llega a través de pantallas de televisión y/o personajes interpretados (en su mayoría) por actores o actrices norteamerican@s. Allí, es la música la que modifica la acción: la música, en consonancia con la actuación llega al espectador de manera casi mágica. Esta es una de las características que distinguen al musical de otros géneros.

En esa contradicción, donde el musical está lejos y a la vez tan cerca, surge Caso de Éxito, de Ignacio Olivera y Juan Pablo Schapira. Bajo la dirección de Marcelo Albamonte, el espectáculo aborda temáticas como el mundo del negocio y el marketing, en el seno de una empresa familiar. Dentro de un espacio por demás amplio y cómodo, como es el auditorio del Centro Cultural Recoleta, los actores y actrices llevan a cabo un despliegue donde la música enhebra situaciones y donde el espectador se sorprende en más de una ocasión.

Uno de los contenidos más interesantes de la obra es el humor y la burla de la que se sirven los intérpretes incluso para parodiar al propio género teatral. Allí donde los actores hablan y cantan a su vez, donde el humor trasgrede las fronteras de lo puramente teatral y abarca hasta lo musical, podemos entrar y salir del código en cuestión de segundos.

Marcelo Andino, Juan Pablo Burgos, Jorge Maselli, Gustavo Monje, Nahuel Quimez Villareal, Analía Riamonde y Sabrina Samiter son los encargados de abordar los personajes involucrados en la historia de la familia Kabum: llega la oportunidad para el negocio familiar de invertir en el progreso económico de la empresa. En medio del conflicto central resurge el amor, por demás inoportuno y que otorgará otro condimento al espectáculo.

La escenografía a cargo de Jorge Maselli está diseñada en relación al uso del espacio: allí donde se cierra un panel aparece otro lugar, donde se abre una cortina se enciende otra luz. En Caso de Éxito han sabido habitar espacios pese a la horizontalidad del escenario. Juan Ignacio Monserrat, por su parte, aportó al trabajo desde el diseño de luces: el contraste entre cálidos y fríos para diferenciar climas fue el complemento ideal. Las situaciones se convierten entonces en novedad y los espacios en sorpresa. Las transiciones entre una escena y otra se caracterizan por la dinámica del ritmo: donde alguien entra otro debe irse, y donde ambos permanecen ocurre la escena. De esta manera, Caso de Éxito explora y construye un código donde el humor es protagonista pero la música invade para construir, también, situación.

Ignacio Olivera y Juan Pablo Schapira son los autores de tan bellas melodías en la obra. La música es melodía pero también la voz y el texto lo son. Caso de Éxito se vuelve un sin fin de melodías entretejidas que requieren la total atención del espectador. Sólo la música, en su carácter efímero y abstracto, tiene semejante poder. En este punto podríamos considerar aún más cerca el musical... cerca de nosotros, en el punto donde lo hacemos propio: por ser la música y el teatro de todos y de nadie a la vez.






Micaela Gaudino



Ficha técnico artística

AutoríaIgnacio Olivera, Juan Pablo Schapira

ActúanMarcelo Andino, Juan Pablo Burgos, Jorge Maselli, Gustavo Monje, Nahuel Quimey Villareal, Analia Riamonde, SabrIna SamIter

VestuarioJorge Maselli, Beatriz Pertot

PelucasSoraya Ceccherelli

Diseño de escenografíaJorge Maselli

Diseño de lucesJuan Ignacio Monserrat

MúsicaJuan Pablo Schapira

Letras de musicalesIgnacio Olivera, Juan Pablo Schapira

FotografíaJuan Ignacio Coda

Diseño gráfico: Alejo De Cristóforis, Thomas Hartl

Asistencia de direcciónDarío Gómez, María Candelaria Olivera

Producción generalOtra Mente Srl 

Coordinación Financiera: Franco Castelo

CoreografíaIñaki Agustín

Dirección generalMarcelo Albamonte







Maipo Sensible

Escrito por mickygaudino 10-11-2016 en Maipo. Comentarios (0)





En el Maipo hay tambores.
En el Maipo, el tabú.
Cuerpos desnudos en el Maipo.
Y, afortunadamente, una parte del Maipo se desmorona...

Actores y actrices que exhiben sus cuerpos y reciben al público. 
¿Qué podemos hacer en escena? ¿Qué de ello podemos mostrar en el Teatro Maipo?

Ayer el Teatro Sanitario de Operaciones expuso 9 VARIACIONES SOBRE LA SENSIBILIDAD. Algunos actores/intérpretes subieron al escenario a repetir un texto. El texto repetido se banaliza, pierde de a poco el sentido y sólo lo recupera en escena. Porque ahí todo significa: las palabras en su máxima potencia, cada una de ellas, se enriquece en el escenario. Ayer el Teatro Sanitario de Operaciones llegó al Maipo y llegó, en parte, para burlarse. En una puesta óptimamente adaptada para un espacio ornamentado (para el show, la revista), el TSO habitó cada hueco, cada ángulo, sirviéndose de la performance como caballito de batalla.

El poder de la imagen es el que inquieta al espectador, y la imagen se vale de la metáfora, de lo simbólico. Ayer en el Maipo hubo traspolacion de la imagen a la escena, en una interrelación sumamente interesante de espacios y situaciones.

Una mujer embarazada.
Una mujer pariendo.
El actor en el arnés.
Un bebé que nace.

No hay explicaciones válidas cuando de sensibilidad se trata. Sólo gritos de dolor, cuerpos en movimiento. La música que envuelve, la luz que alimenta. El TSO pareciera tener una bandera al frente: la de la insinuación y la provocación. Aquella que inquieta al espectador y lo corre del lugar cómodo. Ahí donde la actuación confunde, por ser aún sensiblePero así como el Maipo, el espectador también se desmorona. Cae la frialdad que lo caracteriza y que parece imprescindible a la hora de ver un espectáculo. La performance del TSO (que lejos está de quedarse en el concepto), acude para destruir el rol pasivo del espectador. El poder de transmisión del cuerpo es demasiado potente para tenerlo ahí sentado, aparentemente inmune. Para ello, la puesta desdibuja los límites entre actor/espectador: apela a la variación del ritmo, donde después del descontrol aparece la fragilidad, después de la aparente impunidad resurge la imagen... sutil, vivaz.

La puesta en escena de 9 VARIACIONES..  se caracteriza por un aprovechamiento óptimo del espacio que no muere en el escenario, sino que abarca el palco, las butacas, el atrás (por demás olvidado) y hasta el techo del Teatro. El TSO se sirve para ello de dispositivos escénicos sorprendentes que mantienen despierto al espectador. Y con ello vamos a la burla: burla de lo cultural, lo social (si, en el Maipo) donde "cambiamos sexo por píxeles". El TSO se burla con ganas, porque "aquello de lo que no se habla, deja de existir".

Las luces están entre el público. La luz es circunstancia. En 9 VARIACIONES.. la luz busca a quien dice, porque también provoca. Y la luz encuentra, casi sin querer, a la célebre Eleonora Casano, a quien (quizás, mal acostumbrados) aplaudimos sin cesar... ¿Para qué? Si disfrutamos de su baile como del espectáculo entero. Porque su baile está perfectamente inmerso en la propuesta del espectáculo. 

Para coronar, una idea tan mitificada como la idea del mismo Teatro Maipo: el tango. ¿Qué más? El Tango en el Maipo. Expresión máxima de sensibilidad porteña. La milonga, la ambigüedad. Es la imagen del tango, nuevamente, tan poderosa como la de la argentinidad (un poco falsa, chata, escueta), aquella de la que el TSO se burla y que sin embargo se vuelve a nosotros tan mágica.

Sensibilidad: si pudiéramos hablar de ella... expresión de amor, pero también de violencia. Explosión sonora y múltiple, donde la imagen atrae, donde miramos pero no queremos mirar.






.Micaela Gaudino